La escuela de traductores de Toledo

Hubo una época en el que árabes, judíos y cristianos se unieron con el fin de aportar su sabiduría a una misma causa; la expansión del conocimiento.

El rey Alfonso X el Sabio impulsó la unión de las tres culturas logrando un grado cultural en España nunca antes visto. De este modo, se pudieron traducir multitud de manuscritos y dotar al castellano con unas normas que le enriquecieron como lengua literaria.

Viajamos en el tiempo y nos vamos al centro de la península ibérica, siglo XII. Allí, y en el mismo lugar, convivían las culturas islámica, hebrea y cristiana.


Fue el obispo Raimundo de Sauvetat en 1124 quien la fundó y el rey Alfonso X, que por algo se ganó el sobrenombre del Sabio, la persona que impulsó dicha institución.


Toledo era una ciudad multicultural, un lugar donde existían numerosos manuscritos de diferentes orígenes. Este hecho hizo que muchos intelectuales europeos se sintiesen atraídos por la llamada del conocimiento. Así, durante los siglos XII y XIII pasaron por la escuela diferentes eruditos árabes, judíos y cristianos que contribuyeron a que se alcanzase un nivel altísimo.


Se tradujo todo el Corpus aristotélico, tratados de Euclides, Tolomeo, Arquímedes, Hipócrates o Galeno y obras de Isaac Israelí, Alfarabí, Averroes, Algacel y Avicena.


Durante estos siglos muchos hombres pasaron por la escuela. Debemos aclararar que, aunque Toledo era el centro principal, había escuelas repartidas por diferentes puntos de la península.


Por destacar algunos de ellos: Abraham bar Hiyya, Abraham b. ‘Ezra, Adelardo de Bath, Daniel de Morley, Hermann el Dálmata, Hugo de Santalla, Juan Hispano, Plato Tiburtinus, Roberto de Chester, Rodolfo de Brujas, Gerardo de Cremona, Alfredo de Sareshel («el Inglés»), Hermann Alemán, Marcos de Toledo, Abraham Alfaquín, Álvaro de Oviedo, Bernardo el Arábigo, Egidio de Tebaldis, Fernando de Toledo, Garci Pérez, Guillén Arremón d'Aspa, Ishaq b. al-Sid, Juan de Aspa, Yehudá ben Mošé, Pedro de Reggio, Samuel Levi.


Ya veis que entre estos nombres los hay árabes, cristianos y judíos. Todos ellos con un mismo objetivo; la expansión de la cultura. Además, ayudaron a establecer las normas del castellano como lengua literaria.

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