El dragón y el corazón del mono

Erase una vez, en un océano muy lejano, una pareja de dragones que vivía feliz en sus aguas.

Un día, como la esposa del dragón se sentía indispuesta, éste le preguntó si podía hacer algo para que se sintiese mejor. Ella, una dragona glotona como ninguna, no deseaba siquiera comer. “¡Huy, qué mal debe estar!”, pensó el amable marido.

Con el fin de ayudar a su amada, el dragón continuó insistiendo. Por fin, la esposa le pidió el corazón de un mono.

Así, y dispuesto a conseguir lo que le habían pedido, se marchó a tierra firme, allí donde los monos viven.

No tardó mucho en divisar a un mono en lo alto de un árbol. El siguiente paso era convencerlo para llevarlo al océano. “¿Cómo lo hago?”, se preguntaba el dragón.

Al poco, el dragón se dirigió al mono.

- “¿No deseas vivir en un lugar donde los árboles están rebosantes de fruta?”, le tentó el animal de cola larga.

- “¿Dónde está ese sitio?”, le preguntó el mono.

- “Debemos cruzar el océano, pero si lo deseas yo te llevaré en mi lomo.”

El mono, presa de la tentación, aceptó.

Después de un tiempo volando, el dragón se introdujo en las aguas del océano. El mono, totalmente desconcertado, le preguntó por la razón del cambio de dirección.

- “Mi esposa me ha pedido el corazón de un mono”, le dijo el dragón.

- “Entonces, debes llevarme a tierra firme. Mi corazón permanece allí.” Le respondió el mono.

El ignorante dragón le obedeció y lo llevó inmediatamente de vuelta a tierra.

Tan pronto como el mono puso el pie en el suelo, se subió a un árbol. Al lugar donde él sabía que el dragón no podía cogerle.

El pobre e inocente dragón tuvo que abandonar al astuto mono y regresar con su amada sin el corazón pedido.

Fin

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