Enoe, la princesa grulla

En la profundidad de la selva del centro de África hubo una vez, hace mucho tiempo, una preciosa princesa pigmea con el nombre de Enoe.

La princesa estaba destinada a casarse con el sensato Nicomadante y, aunque con personalidades diferentes, Enoe era altiva y soberbia, los dos hacían una respetable pareja. Así, al tiempo de contraer matrimonio tuvieron su primer hijo, Mopso.

Con la llegada de los hijos, el pueblo pigmeo tenía la costumbre de ofrecer sacrificios a las diosas Artemisa y Hera, pero Enoe ignoró este hecho y no ofreció nada.

Artemisa, diosa de los nacimientos, no le dio mucha importancia, pero Hera, al ser la Reina de los dioses y tener un carácter muy vengativo, se lo tomó como algo muy personal. Tal fue su enfado que lo primero que hizo fue convertir a Enoe en una grulla, ave que ama las alturas y tiene un largo cuello, signo de altivez.

Pero Hera fue más lejos todavía. Hizo que el pueblo pigmeo odiase a Enoe. Es por eso que los pigmeos persiguen a las grullas y estas, desde las alturas, les amargan su existencia.

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