Los calendarios juliano y gregoriano

Debido a que utilizamos 365 días para componer un año y en realidad deberían ser de 365 días + 6 horas aproximadamente, cada cuatro años se añade un día extra (6 x 4 = 24 horas). De esta manera, se compensa este desfase que se va produciendo cada año.

Nuestro calendario se lo debemos a Julio Cesar quien en el año 46 a.C. le encargó al astrónomo Sosígenes que hiciera uno para Roma. Así, quedó establecido el calendario en 365 días y uno extra cada cuatro años. Se eligió febrero por se el último mes del año romano.

Sin embargo, este calendario tenía un error; exactamente 11 minutos y 14 segundos de desfase con el año solar. El calendario de Julio Cesar, calendario juliano, estaba adelantado.

En vista del error, vino el papa Gregorio XIII y lo arregló, fue el 5 de octubre de 1582. Lo que hizo fue eliminar 10 días. De esta forma, el equinoccio de primavera coincidía con el 21 de marzo. Los años centenarios divisibles por 400 serían años bisiestos y el resto de años centenarios serían años normales.

El Sumo Pontífice conseguía dos cosas; por un lado, ajustar el calendario y por otro lado, poner su nombre al calendario que hoy en día es utilizado en la mayoría de países, calendario gregoriano.

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