MARY KING’S CLOSE y la niña Annie

Bajo las grandes edificaciones victorianas de la ciudad de Edimburgo se esconde otra urbe menos lujosa. Hubo un tiempo en que esta ciudad subterránea albergaba familias humildes y sin recursos, pero la construcción de nuevas edificaciones de varias plantas hizo que quedara sepultada y aislada; su aislamiento era tal que no disfrutaban prácticamente de luz solar o ventilación, y el abastecimiento de agua era casi nulo.


En estos barrios marginales comenzaron a instalarse muchos inmigrantes, vagabundos y gente de mal vivir, lo que provocó que la delincuencia y la prostitución proliferaran sin límites.


Pero también apareció un nuevo inquilino letal, la peste negra, que ya estaba instaurada hace años en Europa central. La falta de higiene en las ciudades, las ratas y las pulgas, verdaderas causantes de la propagación de la peste, unido a la falta de medicamentos, provocó que la enfermedad campara a sus anchas en la ciudad de Edimburgo. Así, hacia 1645, encerraron en estas autenticas ciudades blindadas a los infectados por la enfermedad.


El callejón de Mary King no se salvó de tal caos, y los que lo habitaban empezaron a sufrir las consecuencias de la peste. Se cuenta que las autoridades ordenaron tapiar cualquier salida al exterior para impedir la salida de los enfermos, aunque se ha verificado que realmente esto no ocurrió. Las personas infectadas se encerraban en sus casas y colocaban una bandera blanca como aviso, pero al contrario de lo que cuentan las leyendas, se le proporcionaba diariamente pan, cerveza, carbón, vino, y en ocasiones les visitaba un médico, aunque los tratamientos de la época poco podían hacer en contra de la peste.


Lógicamente, comenzaron a aparecer multitud de leyendas y oscuras historias fantasmagóricas, tales como que los pasadizos están habitados por las almas fallecidas por la plaga, incluso aseguran que se han oído gritos y lamentos de los enfermos, y la existencia de de una mujer vestida de negro que vaga por los subterráneos. Aunque el fantasma más famoso de Edimburgo es el de la niña Annie.


La parapsicóloga japonesa Aiko Gigo que rodaba una serie de documentales sobre fenómenos paranormales en Edimburgo, encargados por la televisión nipona, contactó con una niña en una de las casas de este callejón. La niña se encontraba triste y sola porque sus padres habían muerto en 1644 debido a la peste negra; además, había perdido su muñeca de trapo preferida. La médium no lo dudó y regaló al espíritu infantil una muñeca nueva para consolarla, la dejó junto a un arcón que se encontraba en lo que se suponía había sido el hogar de la niña y sus padres.


Aiko, comentó a los presentes que mientras hubiese juguetes en ese arcón el espíritu de la niña dejaría de vagar triste y abandonado.


A partir de entonces, muchos turistas que visitan el callejón llevan a la niña juguetes; como curiosidad esos juguetes se retiran mensualmente y son donados a niños que los necesitan.

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