Y los españoles traen el tabaco a Europa...

La historia del primer viaje de Colón a América está repleta de anécdotas. La de Rodrigo de Jerez y Luis de Torres, los primeros fumadores europeos, es, desde luego, curiosa.

Cuando Cristóbal Colón llegó a la isla de Guanahani primero y días más tarde, el 28 de octubre, a lo que hoy es Cuba, no se podía imaginar todas las implicaciones que ese descubrimiento iba a tener.

En la carabela o nao Santa María, junto con Colón, viajaban Luis de Torres, un intérprete, y Rodrigo de Jerez, un marinero. A ellos se les encomendó la misión de explorar la isla e informar de todo cuanto viesen. En realidad nos les llevó mucho encontrarse con indígenas, al fin y al cabo aquel lugar ya llevaba habitado largo tiempo. Pero el hecho de encontrar vida no fue, sin embargo, lo que más les llamó la atención. Tanto Rodrigo como Luis se quedaron muy extrañados de ver a aquellas personas semidesnudas con unas hierbas secas envueltas en otra hoja, también seca, todo ello en forma de cilindro y encendido por una punta. Así, los habitantes de la isla utilizaban el otro lado para aspirar y saborear el perfume que constantemente desprendían esas hierbas.

Los dos españoles, como buenos invitados, ya que no era plan de se descortés, se animaron y probaron. Y les tuvo que gustar porque los dos se aficionaron rápidamente. Tanto les gustó que decidieron no dejar aquel hábito allí y llevárselo consigo a su amado país.

España, para aquel tiempo, Colón regresa al puerto de Palos el 15 de marzo de 1493, tenía muchos vicios pero el de fumar, todavía, no era uno de ellos.

Rodrigo de Jerez regresó a su tierra natal, Ayamonte, Huelva, continuando con su nueva costumbre. No tenía ningún reparo en fumar por la calle, en su casa... Para él ya era algo normal. Ahora bien, pensemos por un momento en el resto de las personas de su pueblo quienes ven a alguien echar humo por la boca, algo que hasta entonces, según las leyendas, sólo lo hacían los dragones o el diablo. Además, estamos en el tiempo de la inquisición donde por menos de nada se te hacía un juicio por hereje. El caso es que al final tanto hablaban los paisanos de Rodrigo que la inquisición tomó parte en el asunto. Conclusión, alguien que hecha humo por la nariz y por la boca no puede ser otra cosa que un demonio.

Finalmente, el pobre marinero fue condenado y tuvo que pasar 7 largos años encarcelado. Todo, para salir y darse cuenta de que ya fumaba media Europa. La vida!!



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